13-01-2026

ARAN by UTMB: ADAPTACIÓN

Una vez más con el aforo completo, y una vez más sin la imprescindible colaboración de la meteorología. Pero esta vez con más de 300 kilómetros balizados para poder activar todas las variantes habidas y por haber en cada una de las carreras. Con más o menos afectación, todas las carreras vieron su diseño original modificado…

EL GATO Y EL RATÓN

El recorrido de todas las pruebas fue reestructurado, y todas se vieron afectadas en algún momento y en algún sector por las constantes tormentas: mientras en un punto no había novedad, a pocos kilómetros se estaba afrontando algo parecido a un diluvio.

Como línea general, se anularon la mayor parte de las secciones que discurren por las zonas de alta montaña de forma que, por ejemplo, la VDA se mantuvo en líneas generales a media ladera durante todo su recorrido, al tiempo que las zonas más remotas en el sector de Colomers (estany Obago) eran debidamente recortadas a la altura de la pequeña presa del mismo nombre. Posiblemente el recorrido que salió mejor parado fue el de la CDH, que pudo conservar los sectores altos del primer tercio (Liat / Montoliu) pero que a partir de un cierto momento se desdobló en dos carreras (CDH y CDH V2) de forma que los corredores que llegaban al Col de Varradòs a partir de las 12 de la mañana eran desviados directamente a Salardú donde volvían a recuperar el recorrido estándar (manteniendo, eso sí, la distancia final para que la prueba valiera las mismas Running Stones), de forma que se evitaban corredores en la zona de Beret entre las 14:00 y las 16:00, momento en que había previsión de tormentas.

Arthur Joyeux-Bouillon, vencedor de esta edición de la VDA, de madrugada cerca del Lac de Clòto de Baish camino de Colomers, ya destacado en primera posición.

Hay que remarcar, además, que tanto la VDA como la CDH, pasan por la zona del Port d’Urets y las minas de Liat, donde hay muchos restos metálicos de la antigua actividad minera aranesa que son excelentes conductores, lo que convierte esos sectores en áreas especialmente sensibles en caso de tormenta eléctrica; hay incluso tramos en que el recorrido va por las antiguas vías de las vagonetas mineras: un solo rayo podría causar una verdadera tragedia.

Algo parecido sucede en la zona de la antigua estación de esquí de la Tuca, en el tramo final de la mayor parte de las carreras (que todas evitaron), donde los restos de cables y pilonas de los arrastres convierte ese sector en una zona crítica.

La CDH sólo se vio perjudicada de forma significativa en el último tercio del recorrido. En la imagen, un corredor del grupo de cabeza (Pello Berribeiztia) de camino al sector de Liat, cerca del kilómetro 20.

A costa del carácter de alguna de las pruebas – la VDA sobre todo – la activación de los recorridos alternativos y, sobre todo, la toma de decisiones con un margen de tiempo más amplio, permitieron que, esta vez sí, el evento celebrara, tal vez no con la normalidad deseada, pero permitiendo que todos los que querían estar en el monte en cada carrera lo estuvieran.

El día anterior a cada una de las pruebas se emitieron los correspondientes comunicados con los cambios previstos de itinerarios, al tiempo que se redistribuían avituallamientos (voluntarios y suministros), se reconfiguraban programas de cronometraje y gestión de la carrera y, en definitiva, se sacaba del cajón ese plan “B” que es, a nivel organizativo, prácticamente un evento diferente.

Tras la tormenta, el bochorno de la tarde del viernes no puso las cosas fáciles (tras los Banhs de Tredòs camino de Colomers)

A pesar de todo, de la incertidumbre y del desarrollo meteorológico incierto, la PDA y la CDH vivieron una cierta normalidad.

Quien pagó el peaje más alto fue la VDA, que empezó por todo lo alto en la cuenta atrás para la salida cuando (literalmente) empezaron a caer las primeras gotas de la tormenta que ya hacía un rato se estaba gestando sobre ese sector del valle, una tormenta que hizo acertada la decisión de anular el ascenso inicial al Montcorbison. La carrera se desarrolló durante las dos primeras horas bajo un auténtico diluvio y un bonito festival de truenos (y rayos en las partes más altas), dejando paso luego a una tarde despejada y muy bochornosa que no puso las cosas fáciles a los que corrían, con la carga psicológica además de estar haciendo un recorrido de compromiso que dista mucho de la magnificencia del recorrido original. Pero el terreno es el que es, las condiciones son las que son y las reglas del juego son también las que son y, a pesar de la aparente benevolencia del tiempo durante muchas horas, la posibilidad de tener que cortar una vez más la carrera con gente repartida, una vez más, por las zonas más expuestas – algo que hubiera podido suceder en varios momentos del fin de semana – era algo que la organización se propuso evitar por todos los medios.

La primera clasificada de la VDA, Laura Van Vooren, iniciando el corto descenso que la llevará hasta el avituallamiento de Colomers en un kilómetro escaso.

En definitiva, un evento con el paso cambiado, en el que los cronos, sin dejar de ser meritorios, no son significativos dadas las obligadas modificaciones en los recorridos.

Un fin de semana jugando al gato y al ratón con las tormentas.

CLASIFICACIONES

GALERÍA FOTOGRÁFICA

Texto y fotografía: Quim Farrero

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