24-06-2024

COSTA BRAVA STAGE RUN: UNA EXPERIENCIA

Aquellos lugares habitualmente saturados en verano tienen un encanto especial fuera de temporada… Y la Costa Brava no es una excepción. El trail, más allá de la competición, es una forma excelente de recorrer – reconocer – un territorio, y ese es uno de sus principales valores, si a eso añadimos socialización, buen rollo y la pizca justa de sana competitividad, obtendremos algo parecido a lo vivido este fin de semana.

TRES DÍAS POR LA COSTA

Pensar en Costa Brava es pensar en playa, veranito, tiendas vendiendo pelotas de plástico en bolsas de redecilla, hinchables en forma de unicornio, chanclas… Y gente, mucha gente.

Pero la experiencia primaveral en la Costa Brava Stage Run descubre al participante un mundo diferente, un pequeño paraíso en forma de poblaciones tranquilas, playas de todo tipo, bosques, senderos técnicos y desniveles aparentemente suaves que, desde el punto de vista deportivo, esconden un lobo bajo una piel de cordero.

La Costa Brava Stage Run (CBSR) es una carrera en tres etapas con dos modalidades – 80 y 120 kms – que, a pesar de celebrarse al margen de las grandes montañas del vecino Pirineo, es una prueba dura para aquellos que se la planteen desde el punto de vista del rendimiento: el terreno no es fácil, los desniveles sin ser largos son técnicos, explosivos y, lo más importante, constantes. Un rompe piernas de manual. Una carrera que, hay que tomarse en serio.

Los desniveles en la Costa Brava no regalan nada.

Pero más allá de especificaciones técnicas, la CBSR es una prueba de las que generan afición, de esas en las que, a pesar de todo, el tema deportivo deja paso a lo mejor del trail: disfrutar de un viaje y compartir con viejos y nuevos amigos. Esa esencia del trail de la que tanto hemos hablado en nuestra revista. Y es que este es el punto fuerte de las carreras por etapas, una modalidad que, por la razón que sea, no goza de demasiada popularidad entre nuestro universo de corredores de montaña; la prueba es que el 70% de los 250 participantes que completaron las plazas disponibles, son de fuera del país. ¿Por qué al corredor local le da más pereza ir a correr varios días en un entorno geográficamente asequible? Ni nosotros ni los organizadores lo sabemos, pero lo que es cierto es que es difícil encontrar a un participante en una prueba por etapas, donde sea que se celebre, que hable mal del evento. Y es que la experiencia personal supera, en muchos casos, a la deportiva. La sensación de viaje, de trasladarse, y la convivencia día a día con los compañeros de viaje hacen de la experiencia algo diferente. A eso añadiremos la excelencia en la capacidad de organización, algo en lo que una prueba de este tipo no puede fallar. Y la CBSR no sólo no falla si no que pone el listón muy alto.

Montajes y desmontajes en tiempo récord.

Del mismo modo que a menudo decimos que todo corredor debería implicarse alguna vez en su vida en la organización de una carrera, podríamos decir que todo organizador debería hacerlo en una prueba por etapas, en la que hay que montar y desmontar cada día y mover a todo un pequeño ejército de voluntarios y colaboradores, junto con participantes y acompañantes sin que nada falle.

En este aspecto, la organización de la CBSR es de matrícula de honor, todo es redondo, desde el trato al corredor, hasta la logística de traslado de equipajes pasando por la celebración diaria de un acto (breafing / entrega de premios / proyección de imágenes) en el que no falta nadie, ni de los participantes ni de la organización, en una carrera con un porcentaje particularmente alto de mujeres (un 35%) que, de momento, aumenta de año en año.

Una carrera con un 35% de participación femenina.

Tres etapas con inicio en Blanes, punto de partida de la Costa Brava, y final en Portbou, junto a la frontera con Francia en las que los participantes de la versión más corta arrancan un par de horas después de la larga (8:00 larga y 10:00 corta) en otro punto del recorrido, lo que implica la instalación de otra salida para una organización pensada hasta el último detalle en la portabilidad. Todo, desde el equipo de sonido hasta el arco, banderas y plumas se monta y desmonta en un tiempo que sería la envidia de un equipo de mecánicos en un gran premio de F1.

Un recorrido basado en el trazado del llamado “Camí de ronda”, un camino creado para acceder a las caletas más aisladas y poder así controlar, en su momento, las actividades vinculadas al contrabando; el concepto “ronda”, al parecer, está vinculado a la ronda policial, a pesar de que dichos senderos tuvieran también utilidad para facilitar el regreso a casa de los pescadores con problemas que tuvieran que alcanzar a costa allí donde pudieran.

La Tramuntana y el incendio en la zona de la frontera, las notas discordantes del domingo.

De Blanes a Tossa de Mar, de Platja d’Aro a L’Estartit i de Roses a Portbou, son los tres trayectos que definen la totalidad de la prueba (las salidas para la versión corta son en Blanes, Calella de Palafrugell y Cadaqués), con los correspondientes traslados en bus cada mañana de la población final a la de inicio del día siguiente, una operativa que esta vez afectó al horario de salida (un retraso de 15 minutos) de la versión corta en Cadaqués, debido al cambio del trayecto previsto de los autobuses a causa de la celebración de una prueba de triatlón en la zona.

Una dificultad organizativa más superada con nota, en una carrera en la que la mayoría de corredores optan por la “experiencia completa” y no tienen que preocuparse por nada, ni transportes, ni alojamientos, ni comidas; todo está a punto, incluso los masajes en meta y una excelente paella en la meta final en Portbou.

Buen rollo y ganas de pasarlo bien es la dinámica general en una prueba en la que mucha gente repite y algunos, habiendo corrido en anteriores ediciones, reviven la experiencia desde el lado del voluntario, incluso viniendo de fuera del país. Pero a pesar de todo, no deja de ser una carrera en la que alguien gana y, esta vez, las tres etapas de la prueba larga estuvieron dominadas por los triunviratos formados por Mavi Gil, Marianne Rhode y Tabea Fian en mujeres (siendo Mavi Gil quien se llevó finalmente la prueba) y por Daniel Jung, Philipp Ausserhofer y Joan Solans – que mantuvieron esas tres posiciones en todas las etapas – en hombres.

En la versión corta, Geoffrey Jadoul, Carlos Casquet y Gijs Wagenaar hicieron lo propio en hombres mientras que Amparo Escrich Estel Roig y Jess Garcia, en este orden, dominaron la prueba femenina.

El cruce de la desembocadura del río Ter («La Gola del Ter») es uno de los pasajes estrella de la prueba.

Un gran fin de semana con un poco de todo, fresco por la mañana, calor al mediodía y un fuerte viento del norte (la Tramontana) que puso las cosas difíciles a los corredores en una última jornada ensombrecida por un incendio forestal muy cerca de la meta en Portbou, que se inició en el municipio francés de Cerbere (ya extinguido al escribir estas líneas) y cuya inquietante columna de humo marcó, desde la distancia, el destino de corredores, acompañantes y organización.

En definitiva, una prueba que merece la atención de todo aquel que quiera disfrutar, de verdad, de la esencia del trail más allá de lo puramente deportivo.

GALERÍA FOTOGRÁFICA ETAPA 1

GALERÍA FOTOGRÁFICA ETAPA 2

GALERÍA FOTOGRÁFICA ETAPA 3

Texto y fotografías: Quim Farrero

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