Cristóbal Colón (Castelló de la Plana 1978) es podólogo (reconocido) y corredor (no tan reconocido), pero ante todo es un amigo de esos con los que conectas mucho. Y no es fácil entrevistar a un amigo de este perfil sin caer en esos guiños que un foráneo en la relación no entenderá, porqué, ante todo, el objetivo no es entrevistar a un amigo si no a un profesional que se encarga del mantenimiento de una de las herramientas básicas del corredor: el pie.
Agudo, ágil de verbo, ingenioso (para muestra el titular), es capaz de aportar una pátina de humor a casi todo, incluso cuando se pone serio para hablar de su trabajo.
Tenemos hora en el podólogo.

UNA ZAPATILLA ES COMO UNA YOGURTERA
Para empezar, no puedo evitar la pregunta Cristóbal…¿Colón?
Mi padre, mi abuelo y ahora mi hijo, somos Cristóbal Colón. Creo que mi bisabuelo se llamaba Tomás y, parece, era un tipo con sentido del humor. Tiene muchas ventajas: ¡Todo el mundo lo recuerda! A mi vecina, que es profesora de un instituto, le entregaron un trabajo sobre Cristóbal Colón que hablaba de ¡un “podólogo de Castelló”! Internet sin criterio hace mucho daño.
¿Eres un corredor que se hace podólogo? ¿O un podólogo que se hace corredor?
De chaval siempre había hecho deporte: patinaje, fútbol, algo de atletismo (lanzamientos) hasta que me tocó irme a Barcelona a estudiar podología, y viene esa época en la que lo dejas todo y descubres el mundo de “salir”. Ahí me eché unos kilillos de más (llegué a pesar 90 kilos con 1,70 pelado de altura) hasta que llegó el momento en que pensé que tal vez habría que reajustar. Y correr es lo más fácil del mundo: sales de casa, corres y vuelves. Lo mínimo. La primera vez corrí dos kilómetros y medio y al día siguiente estaba hecho polvo. A partir de ahí, muchos de mis amigos corrían y me propuse salir con ellos. Empecé a tomármelo un poco en serio hasta llegar a un nivel de forma aceptable. Mi primera carrera fue el Gran Fons de la Tardor (en la Vall d’Uixó) en 2007, luego llegaron la MiM, la Marató d’Espadà… En Castelló siempre ha habido mucha afición.

¿Por qué podología?
Buena pregunta… Realmente no lo sé. No hay referentes en mi familia. Estaba apuntado a químicas en Castelló o podología en Barcelona, y por la razón que fuera acabé en Barcelona. Cosas de la vida.
¿Qué hace un podólogo?
El podólogo es el profesional sanitario que se encarga de cualquier patología del pie. Tenemos la suerte que, junto a medicina y odontología somos los únicos con capacidad de diagnosticar y prescribir. En nuestro caso, para cualquier cosa que afecte al pie. Ahí luego entra tu ética y sentido común para discernir si puedes o no tratar algo directamente o necesitas la colaboración de otro profesional.
Ahora tienes junto a Imma, tu mujer, una clínica podológica (Imval) en Castelló ¿Qué porcentaje de tus pacientes son corredores?
Diría que un cincuenta por ciento, entendiendo un perfil amplio de corredor en el que se incluye el que no necesariamente compite, pero corre de forma regular. Hoy en día, mucho o poco, mucha gente corre.

¿Cuál la causa más habitual de visita al podólogo entre esos corredores?
Las uñas, que es algo que se produce por micro impactos, o porque el pie no trabaja como toca y hace algo de garra. A eso le sumamos kilómetros… Y se daña la estructura. Es algo que, sin depender exclusivamente de la zapatilla, sí que a menudo tiene relación con ella. Algunas tienen una puntera demasiado baja, o ciertos refuerzos que hacen que la uña toque. A menudo, los modelos más antiguos eran buenos para el senderismo, pero demasiado duros en este aspecto para correr. Eso ha ido cambiando y las uñas siguen estando ahí. Las patologías clásicas siguen vivas, como las ampollas, que mucha gente suele empezar tratándolas en casa y haciéndose un desastre que acaba en la visita al podólogo.
¿Qué hay que valorar al decidirse por unas zapatillas?
Que sean cómodas. Es lo primero y principal. Hay muchos factores que se tienen en cuenta, en función del tipo de pisada, de la elasticidad de los gemelos… eso es algo que cada uno notará, pero está esa zapatilla que uno se pone en la tienda y ya de entrada siente cómoda: esa es. Esa idea de que la zapatilla se adaptará y dejarás de sentir esa “pequeña molestia” no es cierta (o suele tener consecuencias) Del mismo modo, el sistema de lazado es muy importante. Muchas lesiones se evitarían atándose bien las zapatillas, cosas como saltarse un ojete para ahorrarse presión en un punto, por ejemplo. La gente suele atarse mal las zapatillas, tanto por exceso de presión como por defecto: si la zapatilla va floja trabaja mucho más el tibial posterior. Si nos pasamos apretando podemos provocar una tendinitis de los extensores de los dedos, el tibial anterior o el flexor largo que pasan justo por donde cerramos la zapatilla. Así mismo, el pie cambia a lo largo del esfuerzo: se hincha. Si notamos la más mínima molestia, deberíamos parar a ajustar las zapatillas. Tal vez en una carrera corta y rápida podamos pasarlo por alto, pero es absurdo en un ultra no dedicar treinta segundos a ajustarse las zapatillas cuando es necesario. Y muchos corredores aguantan ahí hasta hacerse daño.
¿Hay alguna solución mágica para las ampollas?
De entrada, hay que saber que ciertas patologías implican una mayor propensión a las ampollas. Dicho esto, la ampolla aparece cuando hay dos planos que cizallan: pie con calcetín, pie con zapatilla… Si el calcetín no se adapta bien al pie, o la zapatilla no está bien ajustada, casi seguro que habrá ampolla. Aquí el calor también tiene un papel importante. En el momento que la sudoración es alta, o nos mojamos los pies (y por tanto los calcetines) aumenta la fricción y la piel es más débil. De entrada, no es buena idea meter los pies en charcos o riachuelos. A veces, en caso de mal tiempo, por ejemplo, es lo que hay, no se puede evitar, pero cuando es un tema de “refrescarse”, a no ser que estemos cerca ya de meta, es mejor no meterse con zapatillas y calcetines en el agua.

¿Detectas diferencia entre las lesiones de los populares y las de los élite?
Son más o menos las mismas. Si que es cierto que el corredor de élite va muy al límite y cuando se rompe se rompe mucho, pero no hay una gran diferencia en cuanto a patología.
¿Y si eres élite y las zapatillas de tu patrocinador no te son cómodas?
Pasa. Algunos corredores cambian de marca a menudo porque no van cómodos con la que tienen, y no necesariamente quiere decir que se trate de malas zapatillas, pero de ahí a la lesión, a veces, va poco. Eso explica la trayectoria de algunos corredores.
¿Cómo elige las zapatillas un podólogo corredor?
Que me sean cómodas… ¡Y que no me cuesten demasiado dinero! Estuve unos años probando zapatillas para lo que entonces era “corredor de montaña” (una web pionera) y ahí probé cosas de todo tipo, y ahora que tengo muchos contactos, alguna cosa me cae de tanto en tanto. Pero la prioridad es que me las sienta cómodas.

¿Y vas al podólogo?
Normalmente me trato yo mismo o me trata mi mujer, que también es podóloga. Tengo las uñas muy bien y, si no me duele nada, no me hago mucho caso.
¿Todo corredor debería pasar por el podólogo?
Sería lo ideal. Pero no sólo los corredores. Hay temas generales que se suelen descuidar vinculados, por ejemplo, a la piel. Las manchas en la piel no son buenas, y la planta del pie nos queda lejos. Nos miramos poco los pies… Cuando vamos a la playa, por ejemplo, es muy frecuente que la crema se quede en el tobillo. A veces, los melanomas aparecen entre los dedos de los pies y pasan desapercibidos. Esto es tanto más importante si hay alguna patología de base como una diabetes o problemas vasculares. El tema uñas también es importante, sobre todo dadas las modas al uso con pinturas, geles etc, bajo los cuales se esconden micosis y cosas parecidas, a veces debido a que el establecimiento donde lo hacen no mantiene las normas de higiene que deberían.
En estos años, el mundo de la zapatilla (y la propia filosofía de los corredores) ha evolucionado mucho, en algunos casos en direcciones contradictorias…
En general, los extremos no me gustan demasiado. El tema de los minimalismos a ultranza considerando todo lo demás un error no me atrae. En algunos momentos te puedes sentir más cómodo con unas zapatillas con más media suela y en otros momentos no. Depende del zapato y la distancia hay opciones que no tienen sentido. El propio Kilian ha ido cambiando a lo largo de los años su zapatilla de preferencia, incluso en su etapa en Salomon. Y es que ir con poca suela duele. Mucha gente se lesiona por intentar emular, en material y en entrenamiento, a corredores muy superiores a ellos. No todo el mundo está capacitado para soportar ciertas cargas. Hay que individualizar mucho. He visto muchas fracturas por estrés provocadas por una mala elección de las zapatillas. No hay que insistir con unas zapatillas que nos duelan o no sean cómodas. Si siempre hemos corrido sin problemas y unas zapatillas no nos van bien, por buenas que sean, es problema de la zapatilla, no nuestro. Y no hablo de un problema de desgaste, que suele estar más vinculado a articulaciones. Muchas fascitis tienen como origen el calzado. A veces hay que recomendar cosas en la consulta, pero siempre de forma muy genérica y basándose en las características generales de la zapatilla y las particularidades del paciente.

Fascitis, la palabra maldita ¿Hay un remedio mágico?
Lo primero es entender que no todo dolor de talón responde a una fascitis. Primero hay que diagnosticar correctamente. En cualquier caso, no deja de ser un dolor en el talón y demasiado a menudo se mete todo en el mismo saco, y el tratamiento será diferente en función de lo que realmente sea. A partir de ahí, desde una plantilla para controlar el movimiento, una zapatilla con un poco más de drop para que el gemelo trabaje mejor, en caso de degeneración de la fascia hay muchos tratamientos posibles, y a cada uno le va mejor uno. Ahí entra el profesional, que evaluará y decidirá un diagnóstico y un tratamiento que, si es necesario, derivará a otro profesional.
¿Y las teorías minimalistas o sobre correr descalzo?
La técnica de carrera se mejora descalzo porque si lo haces mal duele, y eso no tiene nada que ver sobre aterrizar con la punta o el talón. Hay estudios que demuestran que es irrelevante, pero si es verdad que la mecánica cambia. Trabajar descalzo es una buena opción. Está demostrado que el desarrollo del pie se retrasa porque los niños no juegan descalzos o en terrenos irregulares. Que los niños hicieran algo de deporte descalzos estaría muy bien, ahora, que un adulto que empieza a correr, probablemente con sobrepeso, se plantee correr descalzo es una barbaridad en asfalto, y en montaña, además, duele. Sobre todo, si el terreno es rocoso o muy agreste. Luego hay también un factor protección contra las inclemencias. La humanidad evolucionó mucho en el momento que nos metimos en una casa, nos vestimos y nos calzamos. Eso nos permitió establecernos porque podíamos ir a cazar (y volver) en un radio de acción más amplio. Si hace frío te tapas… ¿Por qué no vas a taparte los pies? Hay muchos terrenos por lo que no te puedes plantear avanzar descalzo. El minimalismo como filosofía suele ser bastante incoherente, y creo que hay un factor importante de dar la nota.

Tratas a muchos atletas que no viven cerca ¿Cómo lo hacéis?
Depende, además de en Castelló también paso consulta unos días al mes en Lleida. Si el problema es serio, vienen hasta la consulta. A partir de ahí me comunico con sus preparadores para coordinar tratamientos y preparación. Ese punto es muy importante. Del mismo modo que lo es no dar cabida a opiniones no autorizadas. Cuando tratas a alguien rápidamente ves si te va a hacer caso o no, algo más frecuente en el “popular avanzado” que en élites.
¿Hay que lavar a menudo las zapatillas?
Una zapatilla es como una yogurtera. Ahí dentro se crea un ambiente perfecto para criar de todo: 37 grados, humedad… y cerrado durante horas. Es importante ventilarlas y, si hace falta, eliminar los rastros de barro y arenilla. Sólo con eso nos ahorraremos problemas.
Hemos hablado mucho de zapatillas, pero poco de calcetines…
Casi son más importantes que las zapatillas por lo que hace a los pies. Hay pocos calcetines realmente buenos; o son demasiado gruesos o hay demasiada floritura superflua. El calcetín debe sujetar bien el pie sin apretar y sin moverse. No es bueno que el calcetín de demasiado calor u oprima demasiado.
¿Hay dinámicas preventivas que valga la pena considerar?
Las cremas con urea no son mala idea. La piel se suele descuidar a menudo. Obviamente lavarse bien los pies, entre los dedos… Sólo con esto mejorarían muchas cosas. Cambiarse diariamente los calcetines. Parece mentira, pero no todo el mundo tiene esto claro.

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