01-12-2022

ENTREVISTA: POL MAKURI REDOLAD

Pol Makuri (La Paz, 1991) es la prueba de que, a menudo, las excusas son sólo eso: excusas. Un personaje positivo, cordial, con las ideas claras y una voluntad de trabajo que pone en evidencia a muchos de los que en las líneas de salida ponen la excusa (aunque sea de forma preventiva) por delante incluso antes de decir «¡Hola!» (todos conocemos a varios). Para los que no estamos próximos a ese mundo, la diversidad funcional es un auténtico misterio frente al cual, a veces, no sabemos cómo comportarnos, qué actitud tener… Sin mala voluntad. Incluso un gesto tan asumido y protocolario como dar la mano derecha al saludar puede ponernos en un compromiso si frente a nosotros no está alguien como Pol, de quien aprenderemos rápidamente que la actitud es la naturalidad, para nada el paternalismo. Todos tenemos nuestro puntos fuertes y nuestros puntos débiles y Pol es un compendio de puntos fuertes que debería hacernos pensar mucho cuando nos ponemos «llorones». No siempre «Querer es poder», pero está claro que si hay posibilidades, la esencia está en el «querer».

“Sé que no he llegado a mi máximo.”

Háblanos de tus raíces bolivianas…

Nací en Bolivia porque mis padres, dos catalanes de Igualada y Barcelona, trabajaban como cooperantes allí, mi padre con agricultores bolivianos y mi madre en temas de educación. Estuvieron viviendo en Bolivia tres años junto con otras familias en la misma situación. En ese periodo nací yo. Volvieron aquí cuando yo tenía nueve meses. Como a todos mis hermanos, nos pusieron un nombre compuesto vinculado a la cultura boliviana, de ahí Makuri que, aunque mucha gente cree que es mi apellido, es parte de mi nombre: Pol Makuri. Tuve la doble nacionalidad hasta que cumplí los dieciocho y tuve que elegir por temas de competición y me quedé con la de aquí.

Sitúa al lector: ¿Quién es Pol Makuri?

Soy un deportista con una diversidad funcional: la típica habitualmente sobrevenida tras un ictus pero, en mi caso, de nacimiento y que afecta a mi lado derecho. Tuve la suerte de que mis padres siempre lo han tratado con normalidad, sin magnificarlo. Eso me ha permitido hacer mucho deporte toda mi vida. He tenido una vida totalmente inclusiva. Estuve muchos años jugando a hockey y, cuando se me hizo grande debido a mis limitaciones, cambié de deporte. Como me apetecía pasar más tiempo en la montaña, empecé con el esquí de fondo y luego carreras por montaña. Mi idea no era, ni mucho menos, competir, pero conocí a alguien con diversidad funcional que me comentó que había estado en una Copa del Mundo de deporte adaptado y eso me motivó: si otros van ¿Por qué no yo? Entré en un mundo que no conocía: el de la diversidad funcional y las historias de superación que esconde, muy duras e interesantes. Las carreras de montaña, sobre todo, me han permitido saber muy bien cómo funciona mi cuerpo y convivir con gente de la élite internacional. Está claro que cada uno hace su carrera, pero en los momentos previos somos todos iguales.

La esencia es, siempre, darlo todo.

 ¿Calificarías como dura tu vida hasta ahora?

Yo siempre explico que hay dos grandes tipos de diversidad funcional, la de nacimiento y la sobrevenida. Para mí es una suerte ser como soy desde mi nacimiento porque no conozco otra vida: la diversidad funcional me ha acompañado siempre. En cambio, los que han tenido una vida previa sin limitaciones, sufren un trauma que han tenido que aceptar. Hay gente que lo lleva mejor y gente que no lo lleva tan bien.  En mi caso he tenido las herramientas y la capacidad de gestionarlo a mi favor y valorar lo positivo y todo lo que tengo. Eso no quiere decir que sea fácil.

¿Te has utilizado a ti mismo como excusa alguna vez?

Creo que no. Siempre digo que el día que no pueda hacer algo montaré un festival. Eso ya lo decía de niño. Supongo que hay varios factores que han jugado a mi favor: mi carácter, mi entorno familiar… Otra cosa es ser consciente de que tienes unas limitaciones y que en muchas ocasiones necesitarás ayuda. A veces se producen situaciones cómicas, como salir de fiesta y que algún amigo te pida, distraídamente, que le sujetes la bebida (mi mano derecha no puede sostener nada) o que, en la presentación del documental, nada más subir las escaleras, me dieran el micro antes de que me sentara en el taburete – probad de subir a un taburete sin manos – con lo cual tuve que dejar el micro para subir al taburete y hacer una broma al respecto. Hay que entender estas situaciones y gestionarlas con humor. Pero también tengo que decir que hay momentos de todo, no siempre son risas, pero soy consciente de que muchos grandes momentos de mi vida lo han sido gracias a mi diversidad funcional, como la posibilidad de participar en unos Juegos Olímpicos. ¿Hubiera podido ir a unos juegos ordinarios? Tal vez, pero nunca lo sabré. Luego está convivir con la gente que tiene algún hándicap, sus valores, sus historias y su lucha por salir adelante. He conocido de primera mano historias realmente impresionantes.

¿Crees que hay poca interacción entre el mundo de la discapacidad funcional y el que no la tiene?

En el mundo de la discapacidad hay dos sectores, el físico y el psíquico. En mi caso, aunque mi lesión venga de una parálisis cerebral, no tengo el porcentaje para estar en el psíquico, eso me permite estar en la liga paralímpica y mi diversidad me permite practicar los deportes que practico. Si estuviera en una silla de ruedas, eso sería diferente. Yo he tenido la suerte de poder practicar deporte con gente ordinaria. Tal vez se debería trabajar para normalizar nuestra presencia en más ámbitos deportivos, pero no es fácil, depende mucho de cada persona, de que se sienta cómoda o no. Yo, por otro lado, entendería que una organización me rechazara, porque soy una fuente potencial de problemas. Soy el primero en ser consciente de que tal como puedo llegar a meta, me puedo lesionar a la primera de cambio. Hay que entender también que las personas con diversidad funcional tienen sus propios miedos. Pero también creo que el deporte es una herramienta impresionante para las personas con diversidad funcional, a todos los niveles. Hay gente a quien da miedo esta posible interacción. Ahora la Federación Internacional de Deportes de Invierno se hace cargo de la rama paralímpica y, por ende, todas las federaciones por debajo; tengo compañeros de equipo que tienen miedo porque no saben cómo se gestionará su situación desde una federación “ordinaria”, en cambio para mi es impresionante que se haya dado este paso y se unan fuerzas para intentar trabajar mejor, pero no todo el mundo lo ve así. Ha gente que sólo se siente cómoda en su burbuja de diversidad funcional.

«Un tipo cojo corriendo por la montaña no deja de ser sorprendente…» (Olla de Núria 2022)

¿Te sientes observado cuando estás en una carrera?

Es algo que tengo superado. Sé que está ahí: un tipo cojo corriendo por la montaña no deja de ser sorprendente, aunque yo tengo la suerte, por ejemplo, de no tener dolores, sea porque lo he ido trabajando o por lo que sea. A veces es también una buena excusa para interactuar con la gente, tanto la que no te conoce como la que sí y confía en tu potencial. Pero entiendo esas actitudes a veces un tanto paternalistas, me parecen normales. Soy consciente de mis limitaciones y sé que tengo que ir con un especial cuidado; cuando entreno solo, por ejemplo, siempre lo hago por pista, evito los senderos. Si me lesiono, en una pista es fácil venir a por mí.

¿Tienes sensibilidad en tu lado afectado?

Es una buena pregunta. Tengo poca. De pequeño me quemé con una estufa y no me enteré. Por el contrario. tengo mucha sensibilidad en el lado izquierdo: no soporto una punción seca en el lado izquierdo. No puedo mover el dedo pequeño de la mano derecha, peo si muevo otro dedo se me mueve solo, yo no lo controlo. Hay que ir con cuidado con las lesiones, o el frío, por ejemplo, hay que vigilar. En la Copa del Mundo de esquí de fondo, casi se me congela la mano sin que me diera cuenta.

¿Sientes la fatiga muscular en el lado lesionado?

En cuanto a la fatiga, la siento mucho más en la parte izquierda, la buena, que en la derecha porque es la que realmente trabaja, al doscientos por cien diríamos. La parte izquierda está muy musculada, y la derecha nada. Yo siempre hago broma al respecto con el “Gordo y el Flaco”. A veces también bromeo cuando alguien me llora diciendo que no están bien para ir a tal o cual carrera y les digo que yo les alquilo mi pierna derecha… Y a partir de esa diversidad funcional arrancas una sonrisa y ofreces una imagen diferente de la diversidad funcional. Aunque dentro de la misma diversidad, no todos los afectados lo ven igual, no todo  el mundo lo lleva bien.

¿Te lesionas mucho?

Muy poco. En esquí de fondo se da mucha importancia al trabajo de gimnasio, y corriendo no tanto, y tengo claro que muchas lesiones vienen de olvidar ese trabajo. Ahora que estoy más centrado en el trail, mi entrenador tiene claro que no quiero olvidar esa faceta del entrenamiento, teniendo en cuenta que necesito, además, un trabajo específico para mi parte derecha, y otro para la izquierda.

¿Por qué te desmarcas del esquí de fondo?

Llevo doce años compitiendo a un nivel alto y pagando casi todo de mi bolsillo. Mi diversidad funcional es, digamos, poco visible, pero a nivel deportivo es muy complicada; sólo somos dos o tres con la misma diversidad y los países ya no envían a esos atletas porque no es vistoso. Yo me lo pago de mi bolsillo y por eso me dejan ir pero, por ejemplo, en mundiales que son cada dos años, este es el primer año que he ido después de doce años. Había intentado dos veces ir a unos juegos paralímpicos y esta vez he conseguido ir no por resultados si no por criterio técnico, por mi trayectoria deportiva. He tenido muchas batallas con las federaciones porque me pedían cosas imposibles y ellos lo sabían, pero yo soy muy cabezón. En cualquier caso, por encima de la competición, me gusta el deporte y prefiero dejarlo ahora y seguir haciendo kilómetros de otra forma, aunque las federaciones siguen teniéndome a su disposición para colaborar con ellos.

Uno más en la línea de salida.

¿En qué tipo de carrera te sientes más cómodo?

En kilómetros verticales (o subidas en general) porque es donde mi pie me permite ser más competitivo. En las bajadas estoy más limitado, tengo que ir con mucho cuidado para no lesionarme.  De todos modos, aunque mis resultados no sean óptimos me gustan mucho también las medias maratones. En la Nit Pirineu salí un poco de mi zona de confort porque era la primera carrera nocturna que hacía y me apunté porque me dijeron que se bajaba con telecabina. Si hubiera tenido que bajar corriendo o andando, tal vez me lo hubiera pensado.  Luego estuve también en la Mitja Pirineu, y hacía mucho que no estaba en una carrera tan rápida. Me lo pasé muy bien y reo que el resultado fue muy bueno (2h11:32).

¿Qué material específico usas?

Uso un solo bastón para la mano izquierda, y antes corría con dos botas, porque es lo que necesito para proteger mi pie débil. Ahora, gracias a Salomon, puedo disponer de una bota para el lado derecho y una zapatilla para el izquierdo, algo que nunca me había planteado porque representa mucho dinero en calzado. La bota no tiene que ser demasiado dura porque le tiene que permitir a mi tobillo hacer un gesto determinado. Otro tema importante es la suela, que no puede ser taqueada, tiene que ser lo más uniforme posible, porque al desgastarse los tacos, el pie se me tuerce más. Necesito que el desgaste sea lo más uniforme posible. En el pie izquierdo puedo llevar cualquier tipo de calzado.

¿Te caes mucho?

Justamente en las dos últimas me he caído. Yo lo llamo “buscar billetes”, algo que me viene de un tiempo en que estuve de monitor de esquí. Allí los chavales se caen mucho y siempre les hacía broma con esta expresión para relajar el ambiente. También les decía que buscaran mi bastón derecho (que obviamente no existe).

Zegama: un momento estelar.

¿Alguna carrera que te gustaría hacer?

¡Si! Te podría decir unos cuantos KV. Y la OCC, que estaría en mi límite de distancia, me haría mucha ilusión. Más distancia me daría mucho respeto. Cuando hice Zegama lo hice consciente de estar en mi límite: es la distancia más larga que he hecho hasta ahora y no sé cómo reacciona mi cuerpo más allá. Sabía que podía enfrentarme a Zegama porque lo había probado anteriormente fuera de carrera justo tras la pandemia, y me sorprendí de lo bien que lo soportó mi cuerpo: más que en las piernas, la fatiga me vino en los abdominales, supongo que porque, a partir del kilómetro veintisiete, empecé a tener molestias en las costillas de los botellines y supongo que el cambio de posición para combatir esas molestias derivó en los abdominales. Pero de piernas acabé bien. En cambio, después de la Mitja Pirineu, tuve unas agujetas espectaculares. 

¿Qué es lo próximo?

Ahora estoy en manos de mi entrenador, Andrés Arroyo, y estoy un poco a la expectativa de lo que él me diga. Para mí hasta ahora la temporada fuerte era el invierno, y esto ahora cambia. Haré lo que él me indique, pero tengo muchas ganas de ver qué puedo hacer: sé que no he llegado a mi máximo.

¿Has tenido alguna vez problemas para inscribirte a una carrera?

Nunca me han puesto ninguna pega, pero yo soy muy consciente de qué puedo o no hacer, aunque siempre queda esa duda… Pero creo que esa es una duda que, al final, todo el mundo tiene. Incluso sé que hay mucha gente sin diversidad que está por debajo de mis capacidades, y gente que, realmente, no sabe dónde se mete. O eso parece. Aunque todo el mundo puede tener un mal día.

Un libro:  Nada es imposible de Kilian Jornet
Una película: Intocable de Olivier Nakache
Música: todo de «El pa de cada dia»

Texto y fotografías: Quim Farrero

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