Auspiciado por el grupo de acción local “Liébana conecta sensaciones”, la comarca de Liébana acogió, por décimo quinta vez, la celebración del Kilómetro Vertical de Fuente Dé (Gran Premio del Camino Lebaniego) esta vez con cambios en su estrategia y con una meteorología plenamente veraniega, una suma de factores que ofrecieron un fantástico sábado en un entorno – a riesgo de parecer tópicos – realmente único.

INEXPUGNABLE
Ese es el adjetivo que probablemente define mejor la sensación que da la muralla por la que evoluciona el KV de Fuente Dé. Es difícil, desde abajo y si no se conoce, discernir por dónde se puede acceder a la estación superior del teleférico simplemente andando. Y no sólo se puede (bueno, trepando un poquito en el tramo final…) si no que hay varias opciones de las que una, la más directa, es la que utiliza la carrera en su recorrido. Hay que ir y verlo.

Uno de los cambios en relación a las ediciones anteriores, en las que a menudo había que lidiar con previsiones de tormenta por la tarde, consistió en dar la salida a las once de la mañana. Una medida acertada que, a pesar de haber sido innecesaria este año, da a la organización margen de maniobra si la meteorología lo pone difícil (de celebrarse el día anterior ya hubiera sido útil: ver foto de cabecera) y, además, configura un día más completo y repartido, facilitando la partida a los que vienen de fuera y no pueden quedarse todo el fin de semana y convirtiendo la clásica cena en una agradable comida en un ambiente más cálido.

El otro cambio significativo estuvo en la estructura de las salidas, que hasta ahora se habían hecho en dos fases – mujeres y hombres – separadas por treinta minutos. En un intento de minimizar los embotellamientos (el terreno es el que es y adelantar llega a ser verdaderamente complicado en algunos puntos), las salidas se dieron esta vez por cajones, de forma que los trescientos cuarenta y cinco participantes salieron en diez fases, de forma que los corredores (hombres y mujeres) punteros salieron por delante, seguidos de los participantes en el Campeonato de Cantabria de Clubes y finalmente por los populares (federados primero y no federados a continuación). Esto minimizó en cierta medida los atascos, sobre todo para los más rápidos, pero no eliminó totalmente un problema con mala solución muy vinculado a la estructura del terreno: hay puntos en los que es realmente difícil apartarse para dejar paso.

A todo esto, el calor no impidió que Marcos Villamuera (33:21) batiera por doce segundos el récord de la prueba establecido por Oriol Cardona (33:33) en 2017, llevándose así los 800€ destinados a quien mejorara ese tiempo. Trece minutos después llegaba a meta Carmen Rosa Pérez (46:03), la primera mujer en esta décimo quinta edición.

Una vez arriba, mientras algunos corredores deciden volver a Fuente Dé a pie, sea por el mismo itinerario o por el Camino de los Puertos de Áliva (más largo, pero más cómodo) otros hacen cola para descender en el teleférico de Fuente Dé a pasar una buena tarde socializando y disfrutando de la excelente comida que la organización tiene preparada para participantes y acompañantes.

Así, con este nuevo formato, el sábado a las cinco de la tarde se da por finalizado el evento y queda tiempo para descubrir una comarca, Liébana, que tiene mucho que ofrecer al visitante, tanto si tienes inquietudes deportivas como si no. Con itinerarios marcados para poder correr (o andar) sin complicarse mucho la vida, Liébana no se acaba en la oferta de Fuente Dé y los Picos de Europa.

Para aquellos más atrevidos, pero no lo suficiente como para aventurarse por las impresionantes murallas de caliza de Picos, la vía ferrata de Socastillo, entre Villaverde y Ledantes, en el área del Camino Lebaniego Leonés, puede servir como válvula de escape si se busca una actividad diferente, tras la cual podemos visitar la Pisa de Ledantes, un antiguo dispositivo hidráulico para tratar telas o rematar la jornada por la ruta del valle de Cereceda: 8,5 kilómetros suaves (300D+) con los que soltar un poco las piernas y, ya de regreso, hacer una parada en Tudes, uno de los muchos rincones de la comarca que conservan su encanto primigenio.

Ya en el sector castellano del Camino Lebaniego, no lejos de donde estábamos, la llamada Ruta de los Pueblos de Pesaguero nos llevará en 9,5 kilómetros suaves a través de pequeños pueblos como Lerones o Barreda, en una opción más de rematar un domingo para “desatrancar” las piernas después del KV. Finalmente, en el mismo sector y sólo como otra de las muchas sugerencias posibles, la iglesia de Piasca, originaria del S.XII vale la pena ser visitada antes de rematar el día con una comida (o cena) en cualquiera de los establecimientos que conforman la extensa oferta de la comarca de Liébana.

Más allá de una simple prueba deportiva, el Kilómetro Vertical de Fuente Dé, uno de los pocos KV con entidad propia (más allá de ser un simple apósito en un evento mayor) y uno de los que acoge mayor número de participantes – el entorno lo vale – es una excusa perfecta para acercarse a Liébana y descubrir sus rincones y las posibilidades del Camino Lebaniego, la antigua vía de peregrinación hasta el monasterio de Santo Toribio, con varios ramales y posibilidades, y de cuyo mantenimiento y difusión se encarga la Fundación Camino Lebaniego. Un itinerario que con 71,73 kilómetros en su ramal principal (desde San Vicente de la Barquera hasta el monasterio de Santo Toribio) ofrece otra excelente opción para, en una o varias etapas, soltar las piernas disfrutando del entorno en una de las vías de entrada a los Picos de Europa.

Texto y fotografías: Quim Farrero
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