18-01-2026

PICÓN CASTRO: ROMPIENDO EL TÓPICO

El tópico territorial castellano nos remite a grandes llanuras, cielos cristalinos, luz límpida… Pero como todos los tópicos, nos desvela una verdad a medias, en las que quedan en el olvido otras realidades, tan ciertas como las que conforman la leyenda. En este caso, el norte de la provincia de Burgos, en la frontera con Cantabria, la comarca de las Merindades esconde una maravilla que, lejos del mencionado tópico castellano, no deja de ser Castilla y sorprenderá a aquellos que se aventuren a descubrirla.

CORREDORES EN LA NIEBLA

Allá donde los cielos cristalinos se ven rotos por una humedad del Cantábrico que llega impulsada por el viento de norte. Allá donde las llanuras se vuelven territorio agreste, de montaña engañosamente modesta, con cimas expuestas, sin nada más alto en las cercanías que las proteja de las inclemencias, en la zona probablemente más fría de la península en invierno. Allá donde incluso la vegetación de montaña es dura como su entorno. Una vegetación que, a menudo, hace difícil salir del sendero marcado. Ese sendero por el que la Picón Castro, en sus variantes más exigentes (62K y 32K), conduce a los participantes por las zonas altas de la comarca desde hace ya once ediciones. Ahí es donde se rompe el tópico y aparece una realidad que es una auténtica maravilla para los aficionados a correr por la montaña.

Uno de los rincones sorprendentes de la Picón Castro, en la imagen con un relajado Luís Alberto Hernando que vino a disfrutar del día con la tranquilidad del que ya lo tiene todo hecho.

Los conocedores del lugar hablarán de las impresionantes vistas que las cimas de la zona, sobre todo el Castro Valnera, ofrecen al visitante: desde la montaña Palentina hasta Santander y, por supuesto, ese Cantábrico al que la zona debe sus días (muchos) de niebla. Pero es precisamente esa niebla la que, al menos en esta edición, confiere un aura de misterio al recorrido. Una niebla que, esta vez, no dejó ver y dejó ver, al antojo de una brisa que ofreció a los corredores una jornada de trail casi mágica. Una niebla a veces muy espesa y a veces sutil, que acompañó a los participantes en la práctica totalidad del recorrido en sus zonas más altas, por terrenos técnicos y aéreos, tal vez no aptos para todos (aunque por algún lugar hay que empezar si se quiere acumular experiencia) pero tampoco exageradamente expuestos. Un terreno duro, técnico y variado, con descensos vertiginosos como el del Pico de la Miel y pasaje mágicos como esa pequeña cueva en el descenso del Castro Valnera o la hendidura final de las Piedras de la Cubada, un lugar, por cierto, alucinante. Tal vez la niebla impida disfrutar de las vistas, pero de buen seguro añade una buena dosis de magia y misterio a un recorrido en el que, a medida que se avanza, se van descubriendo las sorpresas que nos depara el territorio.

Un David Hedges (UTMB Index 857) de paso y hasta ahora desconocido aquí, dominó con autoridad la prueba de 62K.

La undécima edición de La Picón Castro, con epicentro en Espinosa de los Monteros, atrajo a un millar de corredores, repartidos entre las tres distancias (63K, 32K y 23K) que pudieron disfrutar de una excelente jornada de montaña, cada uno a su ritmo, y rematar el día con un pueblo de fiesta en su totalidad hasta bien entrada la noche (un día habrá que analizar esa vertiente “fiestera” del mundo del trail).

Tras un duro duelo con Vilma Giménez, Àngels Llobera (en la imagen) se hizo finalmente con la victoria.

Un ritmo que vino marcado, como es normal, por aquellos que se hicieron con las respectivas victorias. En la prueba larga, un norteamericano de paso por ahí preparándose para Aran by UTMB – David Hedges – dominó la prueba de cabo a rabo imponiéndose en 6h47:48 sin dar opción a sus seguidores. Por otro lado, entre las mujeres el duelo, como viene siendo habitual, fue mucho más emocionante, con una Vilma Giménez y una Àngels Llobera  superándose una a otra durante todo el recorrido hasta el ataque final en el que Llobera (8h45:20) llegó a imponerse sólo dos minutos por delante de Giménez.

Una efectiva Inés Astraín gestionando el descenso del Pico de la Miel.

En la prueba de 32K, el puñetazo sobre la mesa lo dio Inés Astraín, habitual de la carrera y vencedora de la pasada edición en 4h09:16 que, esta vez, repitió victoria y mejoró ampliamente su tiempo dejándolo en unas remarcables 3h55:25, a pesar de que el terreno no estaba especialmente rápido. En hombres, el segundo clasificado de la pasada edición, Víctor García, consiguió, en el último descenso, hacerse con el primer puesto entrando en meta en 3h14:21, menos de un minuto por delante de su perseguidor Joel Santamaría. Otro carrerón.

Lejos de las montañas ruandesas donde se desarrolla el biopic (“Gorilas en la niebla”) de la antropóloga Dian Fossey – y cambiando gorilas por corredores – el escenario de esta edición de la Picón Castro bien hubiera podido ser una versión libre de ese relato. Una versión que los que la han podido disfrutar recordarán.

GALERÍA FOTOGRÁFICA

Texto y fotografías: Quim Farrero 

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