30-11-2022

TRAIL VIELHA MOLIÈRES 3010: AL «CALORET»

No solemos ser nunca tan taxativos cuando hablamos de una carrera. Todas tienen cosas positivas (habitualmente muchas) y, a veces, cosas a mejorar e incluso negativas. Pero en este caso – el Trail Vielha Molières 3010 – vamos a ser tajantes: cualquiera que disfrute de correr por la montaña, la de verdad, debería tener esta prueba en su historial. Sin desmerecer a nadie. Queda dicho.

 

¿ES AQUÍ EL INFIERNO? ENTRE POR FAVOR

Para que los más susceptibles se queden tranquilos, vamos a buscarle un defecto: tiene el nombre muy largo, aunque esto queda solucionado con su referencia popular: “El trail del Molières”. Solucionado.

Ni un metro de asfalto más allá de la salida y la entrada a Vielha, ascensión a un “tresmil” de entidad mineral como el Tuc de Molières. Además, desde uno de los rincones más espectaculares de la Val d’Aran – la Artiga de Lin – pasando bajo la vigilante masa rocosa de la Forcanada y pisando el lecho del que un día fue un glaciar de los Pirineos. Roca, roca y más roca, a zonas cómoda y a zonas técnica e, incluso, odiosa. Ascensos eternos y descensos aún más largos en un recorrido totalmente lógico y de una distancia racional para que el común de los mortales invierta el sábado sin quedarse con la sensación de haber perdido medio día o haberse pasado de largo ¿Quién da más?

Cerca de la cima del Molières (3.010 mts) roca y más roca..

Pero nada es gratis, el “Trail del Molières” es una carrera muy dura, probablemente de las que más en su categoría (maratón) y técnica, tanto a nivel de correr como a nivel de montaña. Sin tener nada que sobrepase las capacidades de cualquiera con un mínimo de forma y un poco de hábito de montaña, cuenta con un pasaje en concreto, al inicio del descenso del Molières, que es como un examen de aptitud de capacidades montañeras, una especie de ceremonia iniciática en la que los menos avezados tendrán su bautismo de fuego de la mano de los tres o cuatro voluntarios allí apostados que vigilarán y darán soporte a la evolución de los corredores por la cuerda allí instalada para quien quiera servirse de ella. Montaña con mayúscula.

Los voluntarios cuidan a todos y asisten a los que lo necesitan en el paso clave del recorrido.

El remate final es el acceso a la Val d’Aran por el que antaño era su vía de comunicación con el mundo del sur: el Port de Vielha, desde donde un interminable descenso lleva a los corredores a meta, después de unos 42 kilómetros que valen mucho más a todos los niveles.

Pero el “Trail del Molières”, una carrera que hasta ahora ha estado siempre tocada por la varita de una meteorología benigna, ha visto en esta quinta edición una de esas olas de calor que han obligado a cancelar actividades deportivas al aire libre en todo el país. No así en este rincón pirenaico que se salvó por la campana. Pero eso no quiere decir que, en algunos puntos de la carrera se añadiera un plus de dureza del cual las zonas más altas se vieron a salvo gracias a una fresca brisa que suavizaba la ola de calor: el infierno que en las horas centrales del día y en la zona central de la carrera vivieron los corredores que por allí pasaron.

La zona «caliente» (literalmente) del recorrido.

Habitualmente, los dos kilómetros finales del descenso del Molières y el kilómetro que sigue al inicio del ascenso al Port de Vielha, antes y después del avituallamiento de la “boca sur del túnel” (de Vielha) suelen ser, con o sin ola de calor, una sección digamos cálida: fondo de valle, humedad, vegetación, una ladera totalmente expuesta al sol y al abrigo del viento…

Pues en esta edición esa sección del recorrido se convirtió en la puerta del infierno. Hay que decir que los incidentes, que los hubo (un par de evacuaciones vinculadas al calor) se quedaron muy cortas en base a lo previsto, prueba de que la mayoría de los corredores se tomó muy en serio el tema del calor, la hidratación y adaptar el ritmo a las circunstancias.

Un parque acuático en toda regla.

Gorras mojadas en cada riachuelo, carga de líquido y, lo mejor, convertir alguno de los pasos con agua, especialmente el del ascenso al Port de Vielha, en auténticos parques acuáticos con gente remojándose, bebiendo o, directamente, sentándose en el agua a rebajar la temperatura. Cualquier vestigio de agua se convirtió en un regalo de los dioses.

Más allá de la dureza de la prueba y de las dificultades añadidas por la meteorología (si, el calor también es una inclemencia meteorológica) el “Trail del Moliéres” ha visto una nueva edición de una carrera local, mimada y querida por unos voluntarios que la sienten suya y que hacen lo posible por que todos los participantes superen, con éxito y disfrutando, su bautismo de fuego en la montaña de verdad.

Podéis consultar las clasificaciones AQUÍ

.GALERÍA FOTOGRÁFICA

Texto y Fotografías: Quim Farrero

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