17-02-2026

TRAIL Y CAZA: CONDENADOS A CONVIVIR

La montaña, alta, media o baja, es nuestro terreno de juego. Como lo es de otros deportes y actividades. En algunos casos la convivencia es fácil y fluida. En otros, por la razón que sea, no tanto. Pero partiendo de la base que todos podemos disfrutar del entorno natural, habrá que buscar fórmulas para hacer la convivencia lo más fluida posible.

COMPARTIENDO TERRENO

Henri Cartier-Bresson, uno de los grandes fotógrafos de la historia decía, sobre la necesidad de saber dónde situarse, que sólo hay dos sitios en los que no hay que colocarse nunca: detrás de un caballo y delante de un arma.

Más allá del acertado comentario del genial fotógrafo, es obvio que a nadie le apetece aparecer en el punto de mira de un arma. Y más allá de juicios morales que no vamos a hacer – cada uno es libre de tener los suyos -, en el caso que nos ocupa la posibilidad de tener a un ser humano en el punto de mira no interesa a nadie, ni mucho menos al propio tirador.

Ese es un principio básico a tener en mente desde el momento que el trail – como cualquier otra actividad realizada en la montaña- tiene que convivir durante unos meses al año con otra actividad, la caza, en la que las armas son la herramienta.

La convivencia con la caza siempre ha sido un tema complicado porque, en algunos casos, va más allá del miedo legítimo a ser el protagonista de un accidente con armas de fuego, y se mezcla con conceptos vinculados a una cierta concepción de la ecología o de la relación entre humanos y animales.

A pesar de todo, la relación entre cazadores y corredores es más estrecha de lo que a primera vista pudiera parecer. En entornos rurales, es normal que el mismo que un día corra al otro vaya de cacería, del mismo modo que en muchos casos los voluntarios la carrera del pueblo (o la zona) sean también cazadores. Todo depende de hasta qué punto la actividad forme parte de un entorno cultural determinado. Habitualmente, la falta de entendimiento suele darse entre el mundo rural y el urbano, aunque uno necesite al otro, los puntos de vista en cuanto a la relación con la naturaleza son diferentes. Lo que para unos es subsistencia, para otros es simplemente ocio. Pero no hay que perder de vista quien está “de visita”.

Los caminos principales son la mejor opción en caso de batida de caza si no podemos evitar ese territorio.

Lo que hay que saber

El primer interesado en que no se produzcan incidentes es el propio cazador. La posesión y uso de un arma de fuego conlleva ciertas responsabilidades, morales y legales, que cualquier persona vinculada a la caza en principio tiene claras y que están exhaustivamente reglamentadas.

Está claro que siempre hay excepciones. No existe el colectivo perfecto. Del mismo modo que hay cazadores que no recogen los restos de su munición, hay corredores que tiran basura durante su actividad. Todos lo sabemos. Los problemas suelen surgir de la reacción de una manzana podrida o del hartazgo de tener que enfrentarse a situaciones de conflicto perfectamente evitables. Y ahí es donde entra el sentido común. Ante una situación problemática, tenga el origen que tenga, hay una parte, la más fuerte, que no puede, no debe, perder nunca la calma.

Hace unos años fue noticia lo sucedido en un municipio madrileño en el que una carrera de Btt fue suspendida, al parecer, por las amenazas del propio alcalde, al cual se le atribuyeron amenazas del tipo “… habrá 60 cazadores armados dispuestos a hacer lo que haga falta como a algún ciclista se le ocurra pasar”, todo por lo que inicialmente era un conflicto de permisos.  Es un gran error coger el todo por la parte y, de una situación puntual, hacer una generalización. Del mismo modo que es un gran error magnificar la cantidad de accidentes graves que, en cualquier caso, se pueden producir en una batida de caza: las estadísticas demuestran que, en nuestra actividad deportiva, tenemos más números de sufrir un accidente cruzando alguna carretera que a causa de un disparo. Por poner un ejemplo.

Esto no quiere decir que cada uno no pueda tener su opinión sobre la caza como actividad, del mismo modo que cualquier cazador tiene derecho a tener la suya sobre todos los que actualmente pueblan un medio natural con el que él, y sus generaciones previas, han convivido, para lo bueno y lo malo, desde siempre. En cualquier caso y más allá de opiniones personales, son actividades que van a tener que convivir porque comparten terreno de juego. No hay más.

A menudo, las tensiones vienen de la falta de comunicación. Por ambos lados. Entender cómo funciona cada una de las actividades es un factor clave para comprenderlas.

La visibilidad en una batida de caza es un factor clave.

Un primer punto a tratar sería la convivencia entre la caza y las actividades organizadas, en este caso las carreras. Las dos actividades deben ser comunicadas y autorizadas y, habitualmente, es la caza la que desplaza de lugar o día su actividad en el caso de que se haya solicitado un permiso para otro evento. Este detalle es algo a tener muy en cuenta dado que, desde un punto de vista legal, el cazador es alguien que realiza su actividad en un terreno privado (“Coto privado de caza”) y que tiene la autorización de la administración y, sobre todo, del propietario del coto, para realizar la actividad en el mencionado terreno. Una autorización para la que, además, en muchos casos paga, y para una actividad muchas veces incluso solicitada por la administración con fines de regulación de la fauna. La actual superpoblación de jabalíes, con los consiguientes daños a la agricultura o a la seguridad vial y la amenaza de la peste porcina africana en estos momentos, son un ejemplo de esa necesidad de regulación.

Más allá de legalidades, y en contra de lo que se pueda pensar, no son pocas las organizaciones de carreras que cuentan con la colaboración de las asociaciones locales de caza, tanto para el diseño de recorridos (pocos conocen el terreno como un cazador) como, en muchos casos, como voluntarios en la organización. Además, es frecuente que el mismo que caza, corra. Mucho más de lo que algunos creen.

De todos modos, tanto las carreras como la caza tienen una cierta temporalidad: el grueso de las carreras se celebra de primavera a otoño y la caza, en general, centra su actividad de otoño a primavera, con lo cual las coincidencias a lo largo del año, aun siendo posibles y reales, son menos de las que pudiera parecer, a pesar incluso de que fuera de temporada puede haber actividad de caza llamada preventiva.

Eventos organizados a parte, el problema viene a menudo con la actividad personal, sea realizada en solitario o en pequeños grupos, en la que es frecuente coincidir con el mundo de la caza. Ahí es cuando es interesante, de entrada, tener algún conocimiento de cómo funciona la actividad, qué hay que hacer y qué no y, sobre todo, tener en mente la máxima “nadie quiere problemas”.

Sin haber tenido nunca ninguna relación con el mundo de la caza, hemos sido cordialmente bienvenidos a participar, como observadores, en una batida en la que hemos comprobado cómo se organiza la actividad, y hemos podido contrastar con los presentes todos los puntos de vista que se nos han ocurrido. La ignorancia genera miedo y la cordialidad genera cordialidad.

En una batida de caza, hay una organización muy marcada en la que cada tirador se coloca, con ropa llamativa, en un sitio predeterminado del que no debe moverse hasta que no se da por terminada la actividad. Son habitualmente localizaciones con visibilidad y fuera de caminos principales, por los cuales el cazador debe transitar con el arma descargada y colgada del hombro durante la cacería (cuando se desplaza hacia o desde su puesto) o guardada en la funda si simplemente se desplaza. Los únicos que tienen movilidad durante la batida son los responsables de los perros (el supuesto maltrato a los perros es otro mito que hemos visto caer…). Todos saben dónde están los demás y todos están comunicados por radio, de forma que la advertencia de que hay gente ajena a la batida por la zona es una de las informaciones estrella. Tras cruzarse con un cazador, es casi seguro que el siguiente que encontréis sabrá que vais para allá. Aquí viene nuestra parte, consistente en saludar y hacerse ver. No es necesario más. Cordialidad y tolerancia son una buena inversión: muchas situaciones desagradables tienen su origen en la necesidad de expresar opiniones, por ambos lados, donde (y cuando) probablemente no toca.

Los perros y sus responsables son los únicos que tienen movilidad durante la batida.

En caso de coincidir con una batida de caza tenemos varias opciones. La primera es, si tenemos noticia previa y no nos sentimos seguros, evitar la zona. El monte es grande. En cualquier caso, lo único que no tenemos que hacer si coincidimos en nuestra actividad con una cacería es abandonar los caminos principales. Ya está, no hace falta más.

El cazador necesita visibilidad. La preferencia es el campo abierto y sólo cuando hay mucha proximidad con la presa se adentrará en zonas espesas. Esa visibilidad necesaria hace que en días de niebla o mucha lluvia las posibilidades de coincidir con una batida son nulas. Otro punto a tener en cuenta. Así mismo, con el terreno nevado, la caza no está permitida, del mismo modo que es difícil toparse con una batida más allá del mediodía. En el caso de la caza menor, la actividad suele darse por terminada hacia primera hora de la mañana, porque la afluencia de otros usuarios del entorno ahuyenta a los animales.

Convivir

Tal como hemos comentado, más allá de opiniones personales, el monte es terreno de juego para muchas actividades, sean ocio o negocio, y el respeto entre ellas nos hará la vida más cómoda a todos.

Sólo la agresión al entorno no merece ese respeto. Y ahí estamos todos: corredores, cazadores, ciclistas, senderistas… y una larga lista de “istas”, implicados.

Texto y fotografía: Quim Farrero

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