A estas alturas del partido, todo aquel que esté interesado ya sabe cómo ha ido la semana reina del trail en Chamonix. Clasificaciones, sesudas valoraciones, anécdotas, críticas, elogios… Todas las hazañas y fracasos de los mejores corredores del mundo han sido convenientemente registrados y valorados. Pero, a pesar de todo, la semana del UTMB Mont Blanc sigue siendo lo que es gracias al corredor popular, al que la carrera ha sabido ofrecerle lo que para muchos es un sueño.
EL UTMB MONT BLANC SE ENTIENDE EL DOMINGO
Tras una semana de meteorología difícil muy bien gestionada, una vez más, por la organización (qué lejos queda aquel caos de 2010) el UTMB Mont Blanc en Chamonix, con sus luces y sus sombras, se ha reafirmado como el evento más importante del trail running mundial, por encima (y muy lejos) de cualquier otro. Más allá de valoraciones sobre el modelo de carrera (o de negocio, porqué no) es más que evidente que UTMB Mont Blanc es el sueño de miles de corredores de todo el mundo, a pesar de que su proyección esté a menudo vinculada, de forma exclusiva, a los llamados élites.
Y esto se entiende el viernes y, sobre todo, el domingo.

La esencia del éxito de UTMB Mont Blanc está en la capacidad de vender una ilusión, un sueño, un proyecto único a cualquier corredor que se lo quiera proponer. Nadie dudará de la belleza general del recorrido, pero tampoco nadie pondrá en duda que esta apreciación es subjetiva, y que hay carreras con recorridos más redondos, pero UTMB Mont Blanc tiene algo que los demás no tienen y eso es el Mont Blanc. El eje de todo. Hay otras carreras a su alrededor, pero ninguna ha sabido vender la imagen de la cima más alta de Europa como ellos, y más allá de lo que se espera de una carrera – buena organización, recorrido, etc – UTMB Mont Blanc ha sabido construir una liturgia que empieza en la salida y llega al clímax el domingo por la mañana, con una estación previa que es la llegada de los primeros corredores.

Y es que hay que vivirlo una vez en la vida, sea como espectador o corredor, para darse cuenta de lo que representa y entender porqué acaba siendo el sueño de muchos corredores, al punto que, por el simple hecho de ser “UTMB Mont Blanc Chamonix” carreras que no destacarían de otra manera, acaban brillando en un palmarés simplemente por las siglas divinas, porque no nos olvidemos, UTMB es uno, el resto son “spin off” que aprovechan el tirón. Y esto no quiere decir que sean malas carreras, ni mucho menos, simplemente quiere decir que esas carreras no serían lo que son por sí mismas.

Y es que, si se tiene el privilegio de poder presenciar la salida – el inicio de la ceremonia el viernes por la tarde – se empieza a entender qué es realmente UTMB Mont Blanc. Ese “escaparate de los mejores corredores del mundo” es posible porque los 2.500 corredores populares están ahí. Y no hablamos de viabilidad económica (que también) si no de la aportación de esas 2.500 figuras a la potencia visual de uno de los espectáculos más impresionantes del mundo del deporte al aire libre.

En una ceremonia muy bien orquestada, perfeccionada a lo largo de veintidós ediciones, se lleva a la multitud presente a una especie de catarsis en la que el verdadero producto UTMB Mont Blanc, la ilusión y la ambición, aflora en la piel de todos. Con una banda sonora muy bien calibrada, un magistral equipo de “speakers” conducen a público y corredores a través de momentos de euforia y de introspección, de aclamaciones y de silencio, de euforia y de lágrimas y, finalmente, a la cuenta atrás que desencadena un espectáculo, la salida de esos 2.500 corredores que, desde Revista TRAIL, hemos

presenciado veinte veces ya y nos ha puesto, siempre, la piel de gallina. Es difícil contener la emoción en esos momentos. El espectáculo que conforma la salida, desde el pistoletazo hasta el paso de los últimos corredores (casi cuatro minutos después) con la música pertinente y el estruendo del público es algo que, más allá de filias y fobias, habría que vivir una vez en la vida. Luego ya opinaremos.

Y, tras un paréntesis con la llegada de los primeros corredores, la culminación de todo esto llega el domingo por la mañana, cuando el grueso de corredores populares, aquellos que están ahí por razones diversas, pero sobre todo para cumplir lo que prácticamente todos califican de “sueño”, llega a Chamonix tras haber sobrevivido a dos noches en vela y, en muchos casos, a condiciones muy duras, habitualmente por frío, pero en los últimos años también por calor, pero en definitiva por haber superado esos 170 kilómetros que están muy por encima de las posibilidades de la mayor parte de mortales, corredores incluidos. Es importante ser consciente del respeto deportivo que merece hasta el último corredor que cruza el arco.

Hay que pasar tiempo el domingo en meta para darse cuenta de lo que realmente es UTMB Mont Blanc. Quedarse con las hazañas – admirables, en cualquier caso – de “los buenos” es ver sólo la puerta y no entrar en la habitación.
La carrera es lo que es porque a partir de un excelente producto ha sabido vender intangibles: ilusión y, porque no, prestigio. Y lo ha hecho más y mejor que cualquier otra carrera. Y la dificultad de acceder a ella

forma parte del primer paso para crear esa expectativa, que pasa a la categoría de sueño cuando sumamos todo lo que implica, en esfuerzo, gasto y tiempo dedicado. Muchos lo corren, pero muchos más no llegan a hacerse un agujero entre esas 25.000 solicitudes. Y eso convierte en privilegiados a aquellos que cumplen el sueño.

Así mismo y de forma general, el corredor se siente bien tratado a lo largo de toda la carrera, arropado a menudo por sus próximos que viven su propio ultra de una forma similar, con sus propias dificultades e inclemencias e inmersos en el mismo ambiente, convirtiendo en muchos casos la experiencia en colectiva.

Y todo eso explota en la llegada, sobre todo el domingo que es cuando el grueso del pelotón cruza el arco en Chamonix. Podríamos decir “en pocas”, pero la verdad es que en ninguna carrera se vive lo que se vive el domingo en Chamonix y con esa intensidad. Nervios, gritos, lágrimas, abrazos, besos, apresuradas fotografías con familias y amigos, voluntarios volviéndose locos para mantener un poco el orden y que todos puedan disfrutar de su momento en la llegada (una tarea titánica) todo ello de una forma e intensidad que hay que vivir para entender. En ninguna carrera se vive lo que se vive en Chamonix el domingo por la mañana. Es la verdadera culminación del sueño, ese intangible que tan bien ha sabido vender UTMB.
La estrategia de un sueño
Uno de esos corredores que han visto cumplido su objetivo, es Sandra Blasco. Una corredora popular con experiencia suficiente como para plantearse su enfrentamiento con las 100 millas en Chamonix y superarlo en 40h22:43

EVOLUCIÓN CARRERA SANDRA BLASCO
Pero más allá de la lógica preparación deportiva, afrontar los 170 kilómetros conllevan una planificación de la que puede depender el éxito de la empresa: material, alimentación, posibles asistencias… Temas de los que hay numerosos estudios y artículos habitualmente vinculados a los que disponen de medios. Pero ¿Cómo afronta esto una corredora popular sin más medios que los de cualquier otro?
En el caso de Sandra, y por lo que respecta al material, ella optó por dejar una muda completa en la bolsa de vida para Courmayeur, además del “un poco de todo” con bastante ropa de recambio “por si acaso” que su familia fue transportando hasta los puntos en que pudieron verse (Contamines, Courmayeur, Champex, Trient y Vallorcine) y a los que accedieron utilizando los autobuses de la organización, efectivos por un lado, pero con la incomodidad y la necesidad de planificación vinculadas a un transporte colectivo (tiempos marcados y esperas, en este caso con tiempo inclemente). Remarcar que el equipamiento de los asistentes también es muy importante para garantizar su confort en la particular aventura que ellos viven.

A lo largo del recorrido, Sandra utilizó dos camisetas térmicas, tres pares de calcetines, una cinta para proteger las orejas del frio, un par de guantes, dos pares de zapatillas (las cambió en Courmayeur) y la mencionada muda completa en Courmayeur. Amén de mallas obviamente utilizó pantalones y chaqueta impermeables en una primera noche muy dura en la que ya al inicio (Contamines) se empezaron a ver situaciones que, según Sandra, podríamos calificar de dramáticas debido al frío y, sobre todo, la lluvia, agravadas por una situación un tanto caótica de los primeros avituallamientos dada la acumulación de gente, situación que desaparece a medida que el pelotón se va estirando.
¿A mejorar del material? En base a la experiencia vivida, Sandra piensa que es Importante hacerse con unos guantes (o sobre guantes) verdaderamente impermeables: el frío con las manos mojadas le ocasionó no pocos problemas durante la noche. Así mismo, hubiera mejorado también la capa impermeable (chaqueta y pantalón) por algo más efectivo (¿contundente?) olvidándose un poco del peso y priorizando prestaciones y, por lo tanto, confort. Por lo que respecta al resto, es importante disponer siempre que sea posible – al menos en una edición como la vivida –de ropa seca.
En cuanto a la alimentación y a pesar de disponer – por cuestiones digestivas personales en carrera – de suministros que le garantizaban total autonomía, finalmente no consumió prácticamente nada de lo que llevaba: la comida caliente (caldos y arroz) de los avituallamientos fue lo que mejor le sentó. Por lo que hace al líquido, el agua sistemáticamente fue complementada con soluciones de carbohidratos o soluciones recuperadoras (cada 4 o 5 horas). Por lo que sea, ni un calambre en todo el recorrido.

¿Su percepción global de la experiencia? El protocolo general de la carrera (dorsales, autobuses, etc) es muy correcto teniendo en cuenta el volumen de gente que se mueve y la logística que esto implica. En general cómodo. Dormir cerca de Chamonix es importante: el acceso a antes de la carrera está mejor resuelto que el regreso (en su caso a Saint Gervais les Bains) para el cual hay que recurrir al transporte público regular (no apetece mucho tras 40 horas en la montaña). Trato excelente por parte de todos los voluntarios, en los avituallamientos y fuera de ellos. A pesar de que el tiempo de espera para la salida se hace largo, tanto salida como llegada a Chamonix (desde el momento que se entra en la población) son una experiencia para vivir. Una mención especial a un público que aguanta estoico animando durante muchos kilómetros al inicio (incluso demasiados…) y puntualmente a lo largo de un recorrido que es, en general, poco técnico y cómodo, a pesar de que las condiciones aumentaron la dificultad de algunas secciones, como el descenso del Col de la Seigne, a causa del barro. ¿Lo peor del recorrido? Los primeros kilómetros y las zonas de transición (pistas y carreteras) de los fondos de valle ¿Lo mejor? Toda la sección italiana, del Col de la Seigne al Col Ferret “como geóloga aluciné con todas las formaciones: glaciares, depósitos de las morrenas, torrentes, etc” y, para Sandra, el último descenso desde La Flègère “me gustan las bajadas, me sentía bien y estás en ese punto en que sabes que se acaba y ya lo tienes”.

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