Hay que agradecer a una organización que ha sabido reaccionar y a una menor afluencia de público, que la Espada de Damocles que pendía sobre Zegama-Aizkorri – tras la situación casi de colapso de la edición anterior – no cayera y la carrera ofreciera al mundo, una vez más, un fin de semana memorable en el que la esencia se mantuvo al cien por cien.

EL SECRETO
Pero que nadie se lleve a engaño, una menor afluencia de público no quiere decir poca gente. Zegama-Aizkorri volvió a ser lo que ha sido siempre: una fiesta en la que el alma del evento sigue siendo ese público que durante todo el recorrido, pero especialmente en Sanct Espiritu y en la cima del Aizkorri, anima como si les fuera la vida a todos los que por allí pasan. Y eso no faltó, en absoluto.

En cualquier caso, la clave estuvo en la previsión de la organización que habilitó aparcamientos en zonas próximas (Etxegarate, Altsasu, Beasain) y servicios de autobús para intentar limitar al máximo el movimiento de coches durante el fin de semana pero, sobre todo, durante el domingo, sin caer así en situaciones ya vividas como que corredores no pudieran acceder a tiempo a la línea de salida, o al colapso de la carretera ya temprano por la mañana. Y eso no quiere decir que la cosa fuera fácil: la carretera volvió a ser un largo aparcamiento para aquellos que, por la razón que fuera, insistieron en acercarse en su vehículo al pueblo. Pero esta vez de forma más ordenada.

A eso habría que sumar la ausencia del Rey Kilian Jornet. Su presencia aumenta de forma significativa el numero de aficionados que deciden acercarse al lugar (el que sea) para verlo correr. Esto es un hecho y es, obviamente, algo que difícilmente un aficionado querría perderse: Jornet en acción tiene que ser visto alguna vez en la vida, aunque tal vez debería mantener sus objetivos en secreto y darlos a conocer a posteriori: “apariciones sorpresa”, por el bien del trail y del planeta…

En cualquier caso, Zegama ofreció una vez más un fin de semana intenso, divertido y difícil de olvidar. Esta vez con un tiempo muy benevolente, seco y cálido – en contraste con el frío del viernes en la meta de un KV que dominaron Ïu Net (35’42”) y Naiara Irigoyen (43’13”) – y que permitió a público y corredores disfrutar de un fantástico día de montaña en el que, los favoritos Sara Alonso (4h27:25), de quien todo el mundo esperaba un regreso triunfal, y Elhousine Elazzaoui (3h43:28) un nombre sobre el que iban la mayor parte de “apuestas”, cumplieron con las expectativas y añadieron a sus respectivos currículos la carrera más deseada del mundo, en la que cada año más de 11.000 corredores ponen sus esperanzas en un sorteo que deja a la mayoría con las ganas (las ganas de intentarlo en la edición siguiente: podemos constatar casos con hasta 12 intentos hasta ahora fallidos) porque lo que se sortea no son los 500 dorsales que hay en la línea de salida, si no algo menos de la mitad, porque la otra está reservada a aquellos que han registrado los mejores tiempos (habitualmente por debajo de las 5 horas). Esto hace que más de once mil corredores se disputen doscientos veinticinco dorsales (casi cuarenta y nueve solicitudes por dorsal disponible). Esto y las exigentes condiciones de corte convierten a Zegama-Aizkorri en una joya en el historial de cualquiera y aseguran un nivel deportivo alto. No sólo hay que tener suerte con el dorsal, luego hay que dar la talla: el corte de 3h15 en Sancti Espitiru (km. 19,5) no es apto para todos. Cualquiera que haya cruzado en tiempo la meta en Zegama puede ir por ahí con la cabeza bien alta; y si lo ha hecho muy bien, tiene “premio” (dorsal) asegurado.

En definitiva, una vez más una fantástica edición de una de las carreras más interesantes del calendario, en la que todos, publico incluido, aportan algo para hacerla peculiar. Una carrera que tiene en su poder ese secreto a voces que, aún siendo “a voces”, pocos son capaces de llevar a ese nivel: una organización entregada, competente, incondicional, vinculada a un territorio que adora, que cree en lo que hace y que, sobre todo, hace que los “de fuera” sientan como suya esa vinculación y lo den todo en el papel que a cada uno le toca.
Ese es el secreto; vayan tomando nota.
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