01-12-2020

ZEGAMA KB: el calentamiento

 

La edición 2019 de Zegama se inició ayer con la celebración de una nueva edición (y van cinco) del kilómetro vertical, que para algunos es un calentamiento para la carrera de domingo.

De una forma u otra, la meteorología tiene siempre un gran peso en Zegama, habitualmente por la dureza de las condiciones vinculadas a la lluvia y el barro. Y una vez más, las condiciones climáticas condicionaron (y parece ser que condicionarán) el evento, con unas temperaturas realmente altas (hasta 28º) en la parte superior del recorrido, amenizadas con un sol de justicia, sin la más mínima brisa y con el consabido aporte de humedad (barro incluido) en las zonas más bajas, en el interior del bosque, lo que aumentó la dureza del recorrido de un kilómetro vertical ya de por si exigente, en el que tras algo más de dos kilómetros neutralizados el crono arranca en Arriaundi, a 505 metros de altitud, hasta la cima del Iraule a 1520 metros.

Entre los dos puntos, un perfil cóncavo va aumentando la pendiente hasta las técnicas secciones finales, en las que las manos entran en acción. Hasta ahí, el pendiente y siempre resbaladizo bosque puso, como siempre, a prueba las capacidades de los 250 participantes que partieron de Zegama en grupos de unos 20 corredores, en lapsos de 4 minutos y por orden de dorsal. Un orden que se ve alterado para aquellos con buenos resultados en ediciones anteriores a los que se reserva las últimas posiciones de salida.   

Con la ayuda de un público diseminado por la práctica totalidad el recorrido, pero que se concentraba sobretodo en las partes más altas (ya fuera de la zona boscosa), todos dieron lo mejor de sí mismos para justificar un dorsal que, Zegama obliga, no es fácil de conseguir.

Fueron Oriol Cardona y Ainhoa Sanz, con 36’12” y 42’05” respectivamente, los que le sacaron mejor partido a piernas y pulmones. Tras ellos Antonio Alcalde y Alain Santamaría por un lado, y Natalia Gómez y Clàudia Sabata por el otro.

En pocas ediciones, el kilómetro vertical de Zegama se ha convertido en una clásica que para algunos es un calentamiento para la gran carrera de domingo y, para otros, una manera de vivir el espíritu Zegama a la espera de más fortuna en el sorteo de las próximas ediciones.

 

Fotografías: Quim Farrero (Revista TRAIL)

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