20-05-2022

EL ULTRA DEL PATIO DE ATRÁS

“Una más”, la frase más repetida en esta peculiar prueba que aporta un poco de aire fresco al formato de los ultras. Una carrera con un punto lúdico – sin que esto le reste dureza – que podría perfectamente ser el fruto de un “¿A que no…?” seguido de un “¡Sujétame el vaso…!”. Bienvenidos al “Ultra del patio de atrás”.  

 

BACKYARD ULTRA SERRA D’ALMÓS

Todo en la vida tiene dos caras. Lo que sería un modesto recorrido para una salidita rápida junto a casa por aquello de estirar un poco las piernas, puede sacar los colmillos y convertirse en un desafío mayúsculo si alguien como el legendario Gary Cantrell (también conocido como “Lazarus Lake”) le pone el ojo.

Padre de la popular Barkley Marathon y un personaje del que alguien debería hacer un perfil psicológico algún día, Cantrell es también el creador de las Last Lap Backyard Ultra, que conforman un circuito de pruebas que se ha extendido por todo el mundo y en las que todos los participantes acaban retirándose ¿Todos? ¡Si! Será el vencedor quien consiga ser el último en retirarse tras haber completado, como mínimo, una vuelta en solitario.

¿Cómo se hace? Dando vueltas a un circuito marcado de algo más de seis kilómetros y medio (6,7 exactamente), con muy poco desnivel (menos de 100 metros) y corredor en el que hay que respetar una condición básica: las vueltas deben ser completadas en menos de una hora.

El Mas d’Alerany, en Serra d’Almós, fue el centro neurálgico de la prueba

Cada hora se da una nueva salida y, si ha sobrado tiempo, el participante habrá podido descansar, y si no, pues empalmará vueltas. Esto se repetirá hasta que quede sólo uno de los participantes en cada una de las pruebas celebradas en el Spain Backyard Ultra. Los vencedores finalmente se enfrentarán en una carrera similar de la que saldrá el ¿afortunado? que irá a “defender el título” a EEUU donde, de la mano del ínclito Cantrell se llevará a cabo la final. Sólo tener en cuenta que el vencedor de la edición 2021, Harvey Lewis, llegó a completar 85 vueltas, recorriendo unos 560 kilómetros que son mucho más duros, si cabe, para la mente que para las piernas.

Esta es la idea básica de la “Backyard” celebrada este fin de semana en Tivisssa (Tarragona) de la mano de Marc Fernández, el organizador de las originalidades (“The Bandit”, “The Longuest Night”) y, en cierta manera, alter ego de Cantrell por estos lares (“¿Lazarus Marc?”).

Siguiendo la línea habitual de sus pruebas, la inscripción es una aportación para el banco de los alimentos. Esta vez han sido 10 euros para dicha organización, a la que muchos participantes han sumado aportaciones en forma de productos alimenticios.

Grupos, charlas y risas en las primeras vueltas

Así pues 113 candidatos al abandono final se dieron cita el viernes 18 de febrero por la tarde en el Mas d’Alerany, una bonita casa rural en la Serra d’Almós (Tarragona). Una localización que será avituallamiento, salida y llegada y en la que se vive lo más intenso de la prueba, con un campamento logístico formado por autocaravanas, cámpers, tiendas y carpas que los corredores y sus acompañantes instalan alrededor del lugar. Un campamento que acaba siendo esencia y termómetro de la prueba, en el que se genera, hora tras hora, una entrañable vida social y que, además, va ofreciendo una idea de la carrera a medida que se va vaciando y sólo quedan los supervivientes, sus acompañantes y aquellos que, ya sin la presión de la “vuelta más” se quedan a animar a los que resisten, que abandonan el lugar cada hora en punto y regresan en el último cuarto de hora del tiempo previsto: uno de los secretos del desafío yace en la regularidad, en mantener un ritmo suave y no llegar demasiado pronto para no enfriarse a la espera: lo justo para relajarse un par de minutos, comer algo y cambiarse si hace falta.

Al final de cada vuelta, toque de campana; la actitud va evolucionando a medida que se acumulan vueltas…

Hay planteamientos para todos los gustos. Desde acompañantes que se animan a dar un par de vueltas para justificar algo de actividad, a los que van a probar hasta donde llegan sin un objetivo definido (como un entrenamiento más para largas distancias) hasta los que se plantean dar 10 vueltas (un número mágico) o llegar a los 100 kilómetros o las 100 millas (dos números mágicos también), en un degoteo constante de participantes que se quedan por el camino ya desde la primera vuelta.

Un tercio del recorrido transcurre por los campos de cerezos alrededor del Mas d’Alerany.

Sólo algunos, muy pocos, se plantean la posibilidad de ser el último en abandonar. Incluso entre gente muy bregada en largas distancias (Imanol Aleson, Oriol Antolí o Jose Samaniego) por citar algunos. Corredores con Euforias, Tor des Géants y carreras por el estilo en su historial, la posibilidad de dar la última vuelta en solitario pasa por un duelo final, más psicológico que físico, en el que comentarios del tipo “- a ver cómo gestionamos la tercera noche” en el momento justo pueden hundir en la miseria al contrincante. Porque lo que empieza como un entrenamiento colectivo, en el que se generan grupos grandes que van cambiando, en los que las risas y la charla son el sonido del pelotón cuando pasa, acaba siendo una progresión silenciosa de grupos pequeños o corredores aislados concentrados en que sus piernas los lleven hasta el Mas d’Alerany a tiempo para la (¿siguiente?) salida.

Una chapa metálica con el número de vueltas grabado «in situ» es el original recuerdo de los que abandonan , es decir ¡todos!

Finalmente, Oriol Antolí consiguió una trigésimo cuarta vuelta en solitario tras haber dejado atrás a Imanol Aleson, quien dijo ¡Basta! En la trigésimo tercera y cediendo la victoria a un Antolí que funcionó durante las 34 horas como un reloj de precisión, acabando siempre cada vuelta con uno o dos minutos de margen de variación. No más. Porque una Backyard Ultra es algo más que correr y resistir…

GALERÍA FOTOGRÁFICA

Texto y Fotografías: Quim Farrero

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