30-11-2022

TRAIL VALL DE RIBES: CREANDO AFICIÓN

Tres años después de la séptima, este abril de 2022 ha visto, por fin, la octava edición del Trail Vall de Ribes saliendo del centro de la población camino de la Serra Cavallera, la frontera previa al Pirineo al sur de la población que, este fin de semana, ofreció una meteorología especialmente inquieta.

SORTEANDO LA TORMENTA

Dejando el recuerdo de la pandemia atrás, esta ha sido una octava edición todo lo normal que pueden ser las cosas hoy en día.

En un sábado amenazado por el riesgo de tormentas por la tarde – en estos tiempos nada puede ser fácil por lo visto – corredores y organización se vieron obligados a flirtear con ellas, que, no obstante, respetaron a los que estaban en las zonas más desprotegidas, en la cuerda que, por encima de los 2.000 metros enlaza el Puig Estela (2.013 mts) y el Taga (2.040 mts) dos populares cimas que conforman los puntos más altos de la mencionada Serra Cavallera, el baluarte previo a las grandes cimas del Pirineo Oriental, sobre el que ofrece unas vistas inmejorables.

Con tres distancias y una marcha popular, el Trail Vall de Ribes ofrece como prueba reina una distancia maratón con 3.400 metros de desnivel positivo, con una primera parte de altitudes más discretas y terrenos técnicos y boscosos básicamente, y una segunda en la que se asciende a una de las puntas más altas al sur de Ribes de Freser, el mencionado Puig Estela, y de allí se sigue una fantástica y cómoda cuerda hasta la cima del Taga, punto culminante de la zona y donde se inicia el descenso que en poco más de cinco kilómetros devuelve a los corredores al punto de inicio.

La cruz en la cima del Taga (2.040 mts) marca el punto culminante de los recorridos de 42 y 23 kms y el inicio del duro descenso a Ribes de Freser.

Pendientes de las mencionadas tormentas, el día empezó a ponerse a tono ya desde primera hora de la mañana en las zonas más altas, en las que el viento y la niebla empezaron a preparar el ambiente que se mantuvo durante toda la jornada y que, a pesar de la lluvia – a ratos intensa – que amenizó esa sección del recorrido, se vio respetada por las tormentas que se iban desatando sobre los fondos de valle alrededor de la cresta, en la que no se vivió nada que fuera más allá de algunos inquietantes truenos en los valles circundantes, incluida la zona de meta donde a última hora de la mañana se cumplió el cupo de la tormenta diaria anunciada para el fin de semana.

El Trail de la Vall de Ribes es una de esas carreras que conforman lo que damos en llamar el ecosistema del trail, y en las que tanto el corredor de cierto nivel  – 4h44:04 para la distancia maratón de la mano de Raul Butaci no son nada despreciable – como el popular se sienten cómodos y bien acogidos, en un evento que no tiene más pretensión que ofrecer al participante un recorrido remarcable y un sábado de buen ambiente entre congéneres, en el que disfrutar de lo que es  – y esperamos seguirá siendo – la esencia del trail, al margen de posibles profesionalizaciones, títulos y reglamentaciones impuestas. Hay tiempo y lugar para todas las opciones.

La cuerda que flirtea con los 2.000 metros es, en general, cómoda, aunque ofrece algún corto tramo técnico.

Más allá de la distancia maratón, que en mujeres se llevó Núria Florencio (6h35:30), la organización ofrece otras opciones que van desde los 23 kilómetros y 1.900 metros de desnivel, con ascensión incluida al Taga y, de la misma manera que la maratón, con tramos especiales cronometrados para darle un poco más de “salsa” al sábado. Una prueba más rápida que se llevaron Víctor del Águila ((2h22:55) y Anna Ongaro (2h56:38).

Y finalmente, la prueba rápida, de 16 kilómetros y 1.100 metros de desnivel – que comparte recorrido con la marcha popular – y que, esta vez sin ascender a ninguno de los puntos altos de la zona, vio entrar en meta a Julien Rodríguez (1h37:18) y a Martina Alemany (1h58:45), que remataron un agradable sábado de trail running (o carreras por montaña o como se le quiera llamar) de los que hacen afición.

Podéis consultar los resultados aquí.

Los voluntarios aguantan, siempre, lo que venga.

Evidentemente, una vez más, hay que hacer especial mención a aquellos voluntarios que, en las zonas más altas del recorrido, aguantaron el tipo expuestos al viento, la lluvia, la niebla y los inquietante truenos de las tormentas circundantes, para dar cobertura y soporte a corredores y corredoras y haciendo posible que el trail, el de base, sea lo que es. Un aplauso para todos ellas (y ellos).

GALERÍA FOTOGRÁFICA

Texto y Fotografías: Quim Farrero

 

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